Y llegó la hora de llegada a la escuela Tío Paco, lo que sería nuestro hogar por los siguientes 3 días. Nuestras ganas seguían latientes en nuestro interior, y no permitían que el cansancio del bus y el calor nos distraiga y peor aún nos frene. Por lo que nos bajamos del bus, alistamos rápidamente nuestras cosas en grupos de brigadas en la salita que se convertiría por dos noches en nuestro cuarto. Rápidamente los que debían ir al baño, pues iban; y los que necesitaban cambiarse o tomar algo, lo hacía. Y enseguida, continuábamos a la f´ábrica Hogar de Cristo, en el mismo bus en el que viajamos toda la noche.
En el viaje nos ibamos sorprendiendo de ver tan organizada la infraestructura vial, hasta llegar a nuestro destino; ya estando ahí la sorpresa fue la misma al ver la cantidad de paneles de las casas que se generaba.
Al llegar, nos sirvieron un desayuno propio de allá, el café y un bolón. Y proseguido de esto nos dieron la explicación y una breve charla sobre la historia de la fábrica. Lo que más nos impactó en la brigada, fue la acogida que tuvo la misma, ya que todo empezó como una idea de un Jesuita Peruano, y las ganas se fue contagiando. En un comienzo se lograba entregar máximo una casa por día, y poco a poco fue creciendo hasta la actualidad, que se han entregado 48 casas por un día Y prosiguieron con una explicación por toda la fábrica, guiada por una voluntaria francesa. Se habló sobre los materiales del hogar, las medidas; y el dato que nos tenía intrigado a todos, el costo del hogar. Aprendimos incluso el trámite que por el que cualquier beneficiado debe pasar para obtener su casita, y es ahí donde se decide el material de su hogar, la forma de pago, el tiempo que se le dará para cancelar.
Finalmente, nuestro siguiente destino era Sambrondón, pero las comodidades del bus en el que viajamos, fueron totalmente cambiadas por el bus que nos transportaría desde ese entonces por Guayaquil.
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