miércoles, 23 de enero de 2013

Nuevo día nuevas esperanzas
 El día sábado después de una noche en la que no se pudo dormir a gusto gracias a los sonoros ronquidos de algunos de nuestros compañeros, despertamos, aun con pereza. Pero en poco tiempo  nos arreglamos y guardamos nuestras pertenecías, comimos con voraz apetito y nos preparamos alegres a emprender nuestro viaje.

Este entusiasmo tuvo que aguantar un largo tiempo ya que  las autoridades tuvieron algún tipo de problema con uno de los buses y se retrasaron una hora y media. Este inconveniente no altero nuestro júbilo por construir una nueva casa ese día.


Llegaron los buses y subimos con ánimo que se sentía en  el aire. Todos estábamos muy emocionados por conocer a nuestra nueva familia y construir con todas nuestras ganas ese sueño de tener una casa, una esperanza.

El recorrido por el que fue nuestro bus es impactante, esto se debe a que son cambios muy drásticos en el paisaje. Pasamos por Samborondón, una zona en la que vive la gente de un estatus elitista y a 15 minutos por la misma vía encontramos los suburbios, este hecho nos llegó en lo sentimental ya que el cambio y la desigualdad es muy brusca.

Al llegar a la comunidad nos designaron a Juan, el mismo armador del día anterior. Tuvimos un poco de tristeza ya que la casa que nos tocó tenía ya las bases puestas y ese era un hecho que en la casa del día anterior nos diferenció de los otros grupos y en cierta forma nos unió como brigada. Por otro lado en este día hubo un detalle muy interesante, la mayoría de los integrantes de la familia pusieron su granito de arena en la construcción de su casa.



La construcción de estas casas fue una experiencia que nos llenó como grupo e individualmente, algunos se sienten que por fin han hecho algo que vale la pena, por otro lado estaban  muy alegres por brindar la mano a una familia necesitada, otros se sentían en un sueño, decían que esta experiencia era tan alucinante que aun no captaban la inmensidad del trabajo realizados, también hubo amigos que más que el echo de ayudar, les llenaba el sentirse útiles, se decían unos a otros “ Construimos una casa ”  y se sentían gigantes.

La casa que construimos era para Flora Villón, ella vive con sus tres hijos, su hermano y su esposo. Flora tiene 74 años, ella trabaja en la pesca al igual que su hijo mayor,  su esposo y su hermano. Flora ya tenía una casa de “Hogar de Cristo”  que fue adquirida hace 4 años pero hace un año decidieron ampliar la casa  para que sea más grande y cómoda. La ampliación le costo 1000 dólares que tendrá que pagar mensualmente en cuotas de 25 dólares.
  Esta es una familia que al igual que las demás de su alrededor “viven de lo diario”, ellos lo que ganan al día lo utilizan ese mismo día y como hay épocas buenas en la pesca también hay malas, como ejemplo: Flora nos contó que hay días en los que ella solo come una vez por día. Pero gracias a Dios han ahorrado por un tiempo para poder pagar esta remodelación sin inconvenientes.




Al finalizar todos estábamos agotados por el trabajo, pero con una satisfacción y un recuerdo que nadie nunca nos va a quitar.
Nos reunimos al finalizar la obra para hacer la entrega, agradecimos a la familia de corazón por darnos de alguna manera u otra la oportunidad de ayudar.
Juan Pablo, nuestro jefe de grupo, dijo unas cuantas palabras muy emotivas y en general todos los integrantes les dijimos que disfruten esa casa, que ese techo que los cubre tiene todo nuestro color y esfuerzo. Fue un momento que todos disfrutamos y sentimos los lazos invisibles que se creo con la familia y que siempre nos van a recordar momentos de gozo y alegría.
Por último guardamos nuestras cosas y regresamos de ese sueño que acabábamos de construir.


Autor: Benjamín Viteri                         5to “E”




 

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